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El rumbo de los movimientos sociales y políticos de oposición


Por Fanor Avendaño

Las fuerzas de oposición no partidarias de Nicaragua se encuentran en una encrucijada. La mayoría de movimientos sociales y políticos de oposición son simples espectadores de una Alianza Cívica que negocia –entre otras cosas y a puerta cerrada- la salida de Ortega por elecciones.

Crece la necesidad de organizarse para tener opciones diferentes a la Alianza Cívica o cualquier otra facción de la oposición que se haya contaminado con la cultura política tradicional nicaragüense (criolla), tenga o no como fondo los poderes económicos nacionales, regionales o mundiales.

Nicaragua necesita una democratización y un cambio de la cultura política, la formación de una institucionalidad real, en la que por primera vez en nuestra historia las leyes estén por encima del poder; ya sea político, económico, el estado o una combinación de estos.

A casi un año de resistencia cívica, una parte de los movimientos sociales se encuentran en la disyuntiva de transformarse o no en movimientos políticos. La sombra de los partidos políticos, su pérdida de legitimidad y su larga historia de corrupción, hacen mirar con recelo –y con razón- esta transformación. Otra parte de estos movimientos sociales, no tiene ni tendrá problema en cederse a los partidos tradicionales con personería (CxL, PLC), aún a costa de ceder espacios de poder y toma de decisiones, es más, quieren darles poder de decisión.

Los movimientos cercanos a la Alianza Cívica en su mayoría pueden verse sumergidos, por decisión del grupo con mayor poder político, en CxL (un partido que acaba de competir en las apañadas elecciones regionales del caribe nicaragüense y que tiene su origen en Eduardo Montealegre) o en el PLC, el partido del caudillo acusado por corrupción pública, condenado y luego liberado a través de arreglos políticos, Arnoldo Alemán.

Los movimientos que no quieren involucrarse en esos pactos tradicionales, no pueden dejarles todo el espacio político a los anteriores, esos que quieren diferentes resultados repitiendo los mismos patrones. Hay que demostrar que se puede trabajar entre colectivos diferentes a estos, desde la autonomía y las alianzas en proyectos de nación, sin pensar que uno trae todas las respuestas, sino entendiendo que la verdad se construye entre todos y ninguno tiene la verdad por sí mismo.

Hay que trabajar un poco más que el resto, no dejar las calles y encabezar las manifestaciones populares, no dejar el trabajo social y la organización de bases, mientras paralelamente se plantean propuestas políticas con el fin de obtener cuotas de poder institucional. No transformarse en un partido, formar alianzas electorales con otros movimientos (o partidos) en base a propuestas que le planten cara al sistema estado-empresa establecido, manteniendo la autonomía y sin desenfocar la lucha propia de cada movimiento. La organización de base que tenga cada uno, y luego en su conjunto, es lo que le dará legitimidad a la alianza electoral y por tanto a las propuestas electorales.

Para que estas alianzas cuenten con la confianza de un porcentaje significativo de la sociedad, las personas acusadas de corrupción, abusos y violencia (pública o privada), deberán someterse a un escrutinio interno y público y dependiendo la gravedad de cada caso, tendrán que ser relegados. Aunque sus intenciones sean buenas, no tienen lugar en la palestra pública ya. Para esto, los movimientos políticos emergentes deben asegurar la transparencia, la ética, la accesibilidad de la información y de sus miembros para escuchar las demandas de la población y responderlas.

Las personas seleccionadas para llevar a cabo estas labores políticas deben estar en capacitación y constante desarrollo de pensamiento crítico, conocer sus limitaciones y saber buscar expertos para resolver problemas más grandes que ellos; comprometerse a cumplir las demandas, sin perder el criterio propio. Los actores que continúen trabajando en las facciones no institucionales, tienen el deber de dejar el listón de las exigencias cada vez más alto, fiscalizar y auditar a los representantes institucionales políticos.

Es fundamental formar actores políticos sin caer en la práctica recurrente de talleres, diplomados y demás capacitaciones que forman políticos teóricos –de escritorio- en hoteles, o locales de clase media alta, alejados de la realidad nacional que solo se conoce en las calles, los barrios y las comunidades de nuestro país.

Estos movimientos, en alianza o no, tienen que acercarse a la gente, conocer su realidad, escuchar sus propuestas y ser las voces o los que busquen los espacios para llevarlos a ellas y sus ideas al lugar en el que deben estar, el lugar donde se toman las decisiones, el lugar que tienen los banqueros centroamericanos, el gobierno, las potencias extranjeras y una porción de la Alianza Cívica.

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