El soldadito de madera


Por Andrómeda

Hola querido lector, ponte cómodo y estate atento, porque hoy te quiero contar un cuento sobre un pequeño héroe de madera y su tierra de alma noble y guerrera.

Había una vez una pequeña tierra de lagos hermosos e imponentes volcanes, con gente trabajadora, humilde, alegre y hospitalaria.

En este pedacito de mundo vivía un encantador soldadito tallado en madera de madroño, pintado a mano y que siempre lucía orgulloso su uniforme azul y blanco, pues con esos colores se vestía la bandera que representaba a esa tierra de la cual era parte.

Nuestro pequeño amigo era uno de los juguetes de una escuela, durante las lecciones estaba atento y aprendía mucho, a la hora del recreo junto a sus compañeros ayudaba a los niños  a salvar alguna princesa o a matar algún dragón.

Las clases de la escuela le permitieron conocer el gran valor y fuerza de la gente que habitaba  esa tierra, aprendió como hace muchos años lucharon por ser libres, aprendió sobre sus valores, sus tradiciones, su fe y sobre su alma valiente que a pesar de la adversidad nunca perdía su espíritu Güegüense. Aprendió también como hace unos setenta años el pueblo unido consiguió salvarse de un tirano para crecer bajo la promesa de una patria libre y próspera. Promesa que desde hace algunos años se ve cada vez más olvidada.

Al soldadito le gustaba salir a pasear por las calles del pueblo, cuando las clases se acababan o cuando los niños tenían vacaciones. Sus paseos por los mercados, plazas e iglesias le permitieron aprender sobre como iba la vida de esa pequeña nación, escuchaba cosas buenas y cosas malas, pero lo que más le llamaba la atención era cuando las personas hablaban sobre el nuevo gobernante y su mujer, al parecer estaban haciendo su trabajo a medias y muchos sentían que estaban cometiendo viejos errores. Con el tiempo se dio cuenta de que eran cada vez más las personas descontentas pero que estas tampoco parecían querer hacer algo al respecto.

La situación era siempre la misma, por lo que tanto juguetes como personas creyeron que las cosas no cambiarían, que crecería el descontento pero no la disposición al cambio. Grande fue la sorpresa de todos cuando un día salieron a la calle los ancianos y, molestos por el abuso a sus derechos, se atrevieron a decir ¡NO!

Eran personas mayores, indefensos y cansados, y aún así no hubo reparo en atacar, ya que ni al gobernante ni a su mujer les gustaba que el pueblo ejerciera sus derechos, con violencia respondieron a una queja pacífica, la indignación y la furia del pueblo no se hizo esperar ¡Se atrevieron a tocar a sus viejitos! Y unas semanas antes se habían atrevido a tocar su fauna, la gota había derramado el vaso y los jóvenes fueron los primeros en gritar ¡BASTA!

Poco a poco más chavalos se levantaron  dispuestos a dar la cara por el cambio y la justica, y aún cuando se convirtieron en el nuevo blanco de la violencia ninguno dio un paso atrás, firmes y con la frente en alto dejaron en claro que ¡Ninguno se rinde!

La represión y la hostilidad continuaron, se manchó el suelo con sangre de hermanos y la muerte llegó con su fúnebre aliento, pero ni el miedo ni la saña introducida por la poderosa pareja pudieron con la determinación de los muchachos.

Nuestro amiguito de madera no quiso quedarse de brazos cruzados. Era un pequeño juguete de madera y pintura pero eso no lo frenó, con cosas pequeñas el también apoyó a su nación, dejaba agua para los que con su vida salían a defender la patria, llevaba comida a los refugios y medicinas para los heridos, dejaba marcadas salidas y  rutas de escape de ser necesarias y rezaba por la paz que había abandonado a su tierra. El resto de los juguetes siguió su ejemplo y entre todos comenzaron a ayudar a quienes luchaban por el país, porque todo inició por defender a los mayores, pero después de las primeras gotas de sangre derramadas se convirtió en una lucha por la libertad. Hacían cosas pequeñas pero en tiempos difíciles cualquier ayuda es valiosa.

Nadie sabía y nadie supo quién o quiénes eran los héroes que no los dejaban morir de hambre o de sed, nadie sabía y nadie supo quién o quiénes eran los ángeles que ayudaban a atender a los heridos, nadie sabía y nadie supo quién o quiénes eran los que les facilitaban la huida de los soldados del corrupto gobernante,  pero desde lo más profundo de sus corazones agradecían estos gestos nobles que les ayudaban a seguir adelante.

Un día, mientras el soldadito y sus amigos llevaban agua cerca de donde un grupo de jóvenes estaban protestando, se vieron atrapados en medio de un ataque de los caballeros oscuros del gobernante malvado, hubieron muchos heridos y entre ellos el soldadito pues una bala había atravesado su madera, sus compañeros lo llevaron a una juguetería para que pudieran repararlo, al llegar tocaron la puerta y esperaron al juguetero quién al salir y ver hacia abajo, donde el pequeño juguete estaba tendido y dañado, no hizo más que darse la vuelta y cerrar la puerta.

Los juguetes estaban indignados pero no había tiempo que perder, se les ocurrió que tal vez el carpintero podría salvar a su amigo, pero al llegar al taller con tristeza descubrieron que el soldadito de madera había dado su último respiro, estaba tieso su cuerpo y su carita pintada perdió el brillo.

Con dolor lo despidieron como lo que era, un héroe, y con nueva determinación siguieron apoyando en secreto, y con el tiempo a la causa se unieron los campesinos, los burgueses y doctores, se levantaron los letrados, los artistas y juglares, la Iglesia alzó su voz para abogar por la paz y por las vidas de todos los hermanos que sin temor se arriesgaban para defender a su gente y a su tierra. Esta dejó de ser la lucha de los  jóvenes para convertirse en la revolución de un pueblo.

Y el pueblo siguió peleando, sin vacilar, llamaron a la negociación, sin retroceder, se sentaron con el malvado tirano, sin miedo. Y el pueblo siguió luchando…

Con mucha pena me disculpo, mi querido lector, ya que no puedo dar un fin a este cuento pues la historia aún no termina de escribirse, pero puedo decir; y tal vez sea muy optimista de mi parte, que tengo fe de que algún día terminarás esta lectura con un “y vivieron felices para siempre”

“Nicaragua será libre mientras tenga hijos que la amen” (A.C Sandino)

 

Dicen que es durante los tiempos difíciles que las personas sacan lo peor de sí mismas, pero es también durante los tiempos difíciles que las personas sacan lo mejor de sí mismas y demuestran que la humanidad aún no se rinde. Es también durante tiempos difíciles cuando aprendemos a valorar lo que tenemos, cuando aprendemos cómo las cosas más pequeñas pueden llenar nuestra alma de manera exuberante.

Es también durante los tiempos difíciles cuando descubrimos que los héroes vienen en todas las formas y tamaños, desde un pequeño soldado de madera hasta un joven estudiante “que vive en las nubes” o que “es indiferente y no se preocupa de lo importante” , que a fin de cuentas todos somos un mismo pueblo que persigue los mismos ideales, los mismos sueños, que las acciones, sean pequeñas o grandes, cuando son por la causa correcta valen más que la ambición del tirano y la furia del opresor.

Y nosotros podemos dar constancia de ello, porque lo vimos y porque lo vivimos. La historia sigue y está en nuestras manos darle un final feliz.

Dedicado a todos los héroes sin capa que de alguna u otra manera han aportado su granito de arena para que Nicaragua sea libre.

En memoria de Álvaro Conrado y todos los hermanos que cayeron por amor a nuestra patria.

¡Que su lucha no sea en vano y que sus voces no se apaguen! ¡Porque despertaron a un gigante que clama justicia, que llora por la paz y exige libertad!

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